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Dónde poner un código QR para que lo escaneen

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La mayoría de los códigos QR que no funcionan no tienen ningún problema técnico. Se generaron bien, se imprimieron bien y llevan a donde tienen que llevar. Fallan porque están colocados en un lugar donde nadie puede o quiere escanearlos.

Para que un escaneo ocurra tienen que darse cuatro condiciones a la vez: la persona tiene que poder ver el código, poder acercarse lo suficiente, tener las manos libres y disponer de unos segundos. Si falta una sola, el código no se usa.

La regla de tamaño, que casi nadie respeta

La relación práctica entre el tamaño del código y la distancia desde la que se lee es de uno a diez. Un código de tres centímetros de lado se escanea cómodo desde unos treinta centímetros. Uno de diez centímetros, desde un metro. Para leerlo desde tres metros hacen falta unos treinta centímetros de lado.

Con esa regla en la mano, la mayoría de los códigos mal puestos se explican solos. El código del tamaño de una tarjeta en un cartel de fachada a cinco metros necesitaría ser cinco veces más grande. El de un cartel de vía pública visto desde la vereda de enfrente tendría que medir más de un metro.

Conviene además dejar margen sobre el mínimo, porque la regla asume condiciones buenas: luz suficiente, código impreso con nitidez, teléfono moderno y persona con buen pulso. En exteriores, de noche o con público de más edad, hay que ir más grande.

Lugares donde un QR está condenado a fallar

En movimiento. Un código en una autopista, en el costado de un camión o en un cartel que se ve desde el auto no se puede escanear, y colocarlo ahí solo sirve para que la marca quede como que no entiende el medio.

En pantallas que cambian solas. Un código en un anuncio de televisión o en una pantalla rotativa dura unos segundos, y ese tiempo casi nunca alcanza para que alguien encuentre el teléfono, abra la cámara y apunte. Si se usa igual, tiene que estar en pantalla mucho más tiempo del que parece necesario.

Sin cobertura. Subterráneos, sótanos, ascensores, salones interiores de hormigón. Si el código lleva a una página web y no hay señal, el escaneo termina en un error. En esos lugares conviene un QR de texto, que se lee sin conexión, o proporcionar WiFi.

Donde las manos están ocupadas. En una caja de supermercado con las manos llenas, empujando un carro o cargando bolsas, nadie saca el teléfono. El código puede estar perfecto y a la altura correcta, pero el momento no existe.

Demasiado alto o detrás de un vidrio con reflejo. Un código a tres metros de altura obliga a apuntar hacia arriba contra la luz. Uno en una vidriera orientada al sol de la tarde queda ilegible justo en el horario de más paso.

Lugares donde funciona bien

Donde la gente espera. Una sala de espera, una fila, una mesa antes de que llegue el pedido, un andén. Son los lugares con mejor tasa de escaneo porque hay tiempo muerto y el teléfono ya está en la mano.

En lo que la persona ya sostiene. El ticket, la factura, el folleto, el packaging del producto, la tarjeta de presentación. La distancia es mínima, el ángulo es el que la persona elija y no hay reflejo que valga.

En la mesa y en el mostrador, a la altura de la vista de alguien sentado o parado, no en el piso ni en el techo.

En una vidriera, siempre que se resuelva el reflejo: pegado del lado de adentro pero orientado para que el sol no dé de frente en el horario de más movimiento, y a la altura del pecho de un adulto.

Decir qué hay del otro lado

Un cuadrado negro sin explicación no le dice nada a nadie. La diferencia entre un código con una llamada a la acción y uno sin ella es grande, y no cuesta nada.

La instrucción tiene que decir qué gana la persona, no qué tiene que hacer. Escaneá el código es una obviedad; Ver la carta, Dejar tu opinión, Ver las 20 fotos de la propiedad o Descargar el manual son motivos. La palabra clave es el beneficio, no el gesto.

También ayuda un marco alrededor del código, que lo separa visualmente del resto de la pieza y lo señala como algo accionable. Esta herramienta puede generarlo con el texto que elijas.

Y una última recomendación que evita la mayoría de los fracasos: probá el código en el lugar exacto donde va a quedar, parado donde va a estar la persona, en el horario de mayor uso. Escanear desde el escritorio con una impresión de prueba no dice nada sobre lo que va a pasar en la calle.

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