Cómo medir los escaneos de un código QR
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Un código QR es un dibujo con un texto adentro. No tiene memoria, no se conecta a nada y no puede contar cuántas veces lo leyeron. Cuando un servicio te ofrece estadísticas de escaneos, lo que hace en realidad es meter una dirección propia en el medio, contar las visitas a esa dirección y después redirigirte al destino final.
Esa es toda la magia, y se puede replicar sin pagar una mensualidad. Lo que se mide, en los dos casos, no son escaneos sino visitas a la página de destino, que en la práctica es casi lo mismo.
La forma más simple: parámetros en la dirección
Si el código lleva a una página web tuya con cualquier herramienta de analítica, ya tenés los datos: las visitas a esa página incluyen a todos los que escanearon. El problema es distinguirlas del resto del tráfico y saber de qué cartel vinieron.
Eso se resuelve agregando parámetros a la dirección. Los más usados son los UTM, un conjunto de etiquetas que la mayoría de las herramientas de analítica reconoce sin configuración. Poner algo como tusitio.com/carta con una etiqueta de origen que diga cartel-mesa hace que esas visitas aparezcan agrupadas y separadas del tráfico de búsqueda o de redes.
La ventaja de este método es que podés usar una etiqueta distinta por soporte: una para el cartelito de mesa, otra para el banner de la entrada, otra para el folleto. Con eso sabés no solo cuánta gente escanea sino cuál de tus carteles funciona, que es la pregunta que realmente importa.
La alternativa más limpia: una dirección por cartel
Los parámetros UTM tienen un inconveniente estético: hacen la dirección larga y fea, y esa dirección larga se ve en la barra del navegador de quien escanea. También alargan el contenido del código, lo que lo vuelve un poco más denso.
La alternativa es crear direcciones cortas y propias que redirijan al destino. Por ejemplo tusitio.com/m1 para el cartel de mesa y tusitio.com/m2 para el de la vidriera, ambas redirigiendo a la carta. Cada una queda registrada por separado en tu servidor o en tu analítica, y de paso el código queda más simple.
Este método tiene un beneficio extra importante: si mañana cambia el destino, editás la redirección y todos los códigos impresos siguen funcionando. Es la misma ventaja que venden los QR dinámicos de pago, conseguida con una redirección en tu propio dominio.
Lo que no se puede medir de ninguna manera
Los códigos que no llevan a una página web no se pueden medir, y no hay servicio que lo resuelva. Un QR de WiFi conecta el teléfono a la red sin pasar por internet. Uno de texto muestra el contenido en pantalla. Uno de contacto agrega una ficha a la agenda. Uno de evento escribe en el calendario. En todos esos casos no hay ningún servidor involucrado, así que no hay nada que contar.
Tampoco se puede saber quién escaneó. Lo que se registra es una visita anónima con los datos habituales de cualquier visita web. Cualquier servicio que prometa identificar a la persona que escaneó está midiendo otra cosa, o pidiéndole a esa persona que se identifique en la página siguiente.
Y una limitación que conviene tener presente al interpretar los números: una misma persona que escanea dos veces cuenta como dos visitas, y alguien que escanea y cierra sin esperar a que cargue puede no contar como ninguna. Los números sirven para comparar carteles entre sí y para ver tendencias, no como un conteo exacto.
Cuándo sí conviene pagar por un código dinámico
Si no tenés un dominio propio ni forma de crear redirecciones, un servicio de QR dinámico te da eso hecho. Es un servicio legítimo y para algunos casos vale lo que cuesta.
También conviene cuando necesitás cambiar el destino con frecuencia y desde una interfaz simple, cuando querés que el destino dependa del país o del tipo de teléfono, o cuando administrás cientos de códigos y necesitás verlos todos en un panel.
Lo que hay que entender antes de contratar es la dependencia que se crea. Si dejás de pagar, los códigos impresos dejan de funcionar, porque la dirección que llevan adentro es del proveedor y no tuya. Con una redirección en tu propio dominio, en cambio, el control no se pierde nunca. Para carteles que van a estar años colgados, esa diferencia pesa más que la comodidad del panel.