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Qué tamaño tiene que tener un código QR impreso

La pregunta la hace todo el mundo justo antes de mandar algo a imprenta, y la respuesta corta es que depende de una sola cosa: desde qué distancia lo van a escanear. Lo demás son detalles, pero hay tres que arruinan códigos a diario y conviene conocerlos antes de imprimir mil unidades.

La regla del 10 a 1

El código tiene que medir, de lado, aproximadamente una décima parte de la distancia desde la que se va a escanear. Si alguien va a leerlo con el teléfono a 30 centímetros, como en un menú o una tarjeta, con 3 centímetros de lado alcanza. Si está en un cartel que se lee desde 2 metros, necesitas 20 centímetros. Para una gráfica de vidriera que se escanea desde la vereda, a 5 metros, hacen falta 50 centímetros.

Es una regla aproximada y conservadora, y por eso funciona. Los teléfonos modernos suelen leer bastante más lejos de lo que predice, pero el margen extra es justamente lo que te cubre cuando hay poca luz, la cámara es vieja o la persona tiene pulso tembloroso.

El mínimo absoluto: 2 centímetros

Por debajo de 2 por 2 centímetros, un código QR empieza a fallar aunque lo escanees de cerca. El motivo no es la cámara sino la imprenta: cada cuadradito necesita suficientes puntos de tinta para quedar definido, y cuando el código es muy chico los cuadrados se empastan entre sí.

Ese mínimo sube si el contenido es largo. Un código con 30 caracteres tiene pocos cuadrados y grandes; el mismo tamaño de papel con 300 caracteres tiene muchos cuadrados diminutos. Por eso la primera medida para que un QR chico funcione no es de diseño: es acortar lo que guarda adentro.

El margen blanco que casi todos olvidan

Un código QR necesita un borde vacío alrededor para que el lector sepa dónde empieza y dónde termina. Se llama zona de silencio y tiene que medir al menos cuatro módulos, donde un módulo es uno de los cuadraditos chicos del código. En la práctica: deja alrededor un margen blanco del ancho de más o menos el 10 por ciento del código.

Este es el error más frecuente en piezas diseñadas por alguien que no conoce el detalle. El QR queda hermoso encajado justo contra el borde de la tarjeta, o con un texto pegado a un costado, y de repente escanea mal sin motivo aparente. Si tienes un código que falla y no entiendes por qué, mira el margen antes que cualquier otra cosa.

Contraste, y por qué no conviene invertirlo

Hace falta contraste fuerte entre los cuadrados y el fondo. Oscuro sobre claro es lo que esperan los lectores, y negro sobre blanco sigue siendo lo más confiable. Los códigos de color funcionan si el color es oscuro y saturado y el fondo es claro.

Lo que suele fallar es el revés: cuadrados claros sobre fondo oscuro. Muchos lectores modernos lo resuelven, pero no todos, y en una pieza impresa que va a estar cinco años en una pared no vale la pena jugarse a eso por estética. Tampoco conviene poner el código sobre una foto: aunque parezca que hay contraste, las variaciones del fondo confunden al lector.

Superficies y materiales

El papel mate escanea mejor que el brillante, porque el brillo genera reflejos que tapan parte del código justo cuando la persona acerca el teléfono. Si tu pieza es plastificada o va sobre vidrio, agranda el código un 20 por ciento sobre lo que dicta la regla del 10 a 1: el margen extra compensa los reflejos.

Las superficies curvas son el caso más difícil. En una botella, una lata o un tubo, el código se deforma y hay una parte que la cámara nunca ve plana. La solución práctica es imprimirlo más grande de lo que parece necesario y ubicarlo en la zona de menor curvatura. Y probarlo en el envase real antes de la tirada, no en el diseño en pantalla.

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