Código QR para el menú de un restaurante
El QR de la carta es el uso más extendido de un código QR en un negocio gastronómico. Apunta a la dirección donde está tu menú, y quien escanea lo abre en su teléfono sin instalar nada. Sirve para cambiar precios sin reimprimir cartas, para mostrar fotos de los platos y para que la carta esté siempre disponible aunque el local esté lleno.
Acá el código es gratis y no vence. La diferencia con los servicios que cobran una mensualidad es que el destino queda fijo dentro del código: eso te ahorra la cuota, con la contrapartida de que si cambias de dirección web hay que reimprimir. Más abajo está explicado cómo evitar ese problema desde el principio.
Cualquier dirección web. El https:// lo ponemos nosotros.
Tu código QR
Empieza a escribir y tu QR aparece aquí al instante.
Cómo funciona
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Sube tu carta a una dirección estable
Puede ser una página de tu web, un PDF alojado o un documento compartido. Lo importante es que la dirección no vaya a cambiar: es la que queda grabada en el código.
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Pega el enlace y genera el código
Revisa que abra bien desde un teléfono antes de seguir. Una carta que en el celular se ve minúscula hace que el cliente cierre y pida la carta de papel.
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Descarga en SVG para imprimir
El SVG no pierde definición al ampliarlo, que es lo que necesitas si el mismo código va en un cartelito de mesa y en un banner de la entrada.
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Prueba en la mesa real
Escanéalo sentado donde se sienta el cliente, con la luz que hay a esa hora. Es la única prueba que cuenta.
Cómo no quedar atado a la dirección que elijas hoy
El problema clásico del QR de menú es que el código apunta a una dirección concreta, y si mañana cambias de sistema hay que reimprimir todos los cartelitos. La solución no es pagar una mensualidad: es elegir bien la dirección desde el principio.
Lo más robusto es apuntar el QR a una página de tu propio dominio, por ejemplo turestaurante.com/carta, y que sea esa página la que muestre el menú o redirija a donde esté alojado. Si mañana cambias de proveedor, editas la redirección y los códigos impresos siguen funcionando. El dominio es tuyo, así que nadie te lo puede quitar ni empezar a cobrarte por él.
Lo más frágil es apuntar el QR directamente a un documento compartido de una cuenta personal, a una red social o al enlace que te dio un servicio de terceros: si esa cuenta se cierra, si el servicio cambia sus direcciones o si te olvidas de renovar, el código queda muerto y no hay forma de arreglarlo sin reimprimir.
Errores que se ven en la mesa
El más común es el tamaño. Un código de menos de dos centímetros en un cartelito de mesa obliga a acercar el teléfono hasta rozar el papel, y con poca luz directamente no engancha. Tres centímetros de lado es un mínimo cómodo para leerlo desde una posición natural, sentado.
El segundo es el plástico. Muchos cartelitos van dentro de un portamenús transparente que refleja la luz del local justo sobre el código. Si el reflejo cae encima, la cámara no lo lee. Conviene inclinar el soporte o usar un material mate.
El tercero es no poner ninguna indicación. Un cuadrado negro sin texto no le dice nada a quien no espera encontrarlo: agregar la palabra Carta o Menú debajo, o usar el marco con texto que genera esta herramienta, cambia bastante la cantidad de gente que lo escanea.
El cuarto aparece cuando la carta abre pero es un PDF pensado para papel: el cliente tiene que hacer zoom y arrastrar para leer cada renglón. Si puedes elegir, una página web que se adapte al teléfono convierte mucho mejor que un PDF de tamaño carta.