Escanear un código QR desde la computadora
Leer un código QR con el teléfono es fácil: apuntás la cámara y listo. El problema aparece cuando el código está en la pantalla de la computadora, dentro de un correo, en un PDF o en una captura que te mandaron. Ahí no hay cámara a la que apuntar, y sacarle una foto a tu propio monitor con el teléfono rara vez funciona bien.
Este lector resuelve ese caso: subís la imagen del código, o usás la cámara si tu equipo tiene una, y ves el contenido en texto. Todo ocurre dentro de tu navegador, así que la imagen no se sube a ningún servidor.
Cómo funciona
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Arrastrá la imagen o elegí el archivo
Sirve una captura de pantalla, una foto o cualquier imagen que contenga el código. También podés recortar solo la parte del código si la imagen es muy grande.
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O usá la cámara
Si tu equipo tiene cámara, podés mostrarle el código impreso. El navegador va a pedirte permiso la primera vez.
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Revisá el contenido antes de abrirlo
El lector muestra la dirección completa en texto y no abre nada por su cuenta. Ese paso es el que te deja verificar a dónde lleva el código.
Cuándo hace falta leer un QR sin el teléfono
El caso más común es un código que llegó por correo o por mensaje y que estás viendo en la computadora: una entrada, un comprobante, una factura con código de pago, una invitación. Fotografiar la pantalla con el teléfono da una imagen con reflejos y con el patrón de píxeles del monitor, que a los lectores les cuesta bastante.
El segundo es un código dentro de un documento. En un PDF, en una presentación o en un manual, el QR está pensado para verse impreso, pero si el documento se quedó en digital hay que resolverlo en pantalla. Una captura del área del código alcanza.
El tercero es de archivo: un código viejo del que ya nadie recuerda a dónde apunta. Una etiqueta en un equipo, un cartel que quedó de una campaña anterior, un QR de WiFi impreso hace años cuya contraseña se perdió. Leerlo devuelve el contenido en texto, y en el caso del WiFi eso incluye la contraseña de la red.
Ver a dónde lleva un código antes de abrirlo
Este es el uso menos obvio y probablemente el más valioso. Un código QR no muestra su destino: hay que escanearlo para saberlo, y con la cámara del teléfono el paso entre ver la dirección y abrirla es de un toque, que mucha gente da sin leer.
Acá el resultado se muestra en texto completo y no se abre nada solo. Si recibiste un código en un correo que no esperabas, o viste uno pegado en un parquímetro que parece una calcomanía agregada, podés leerlo primero y decidir después. Lo que hay que mirar es el dominio, la parte que va justo antes de la primera barra: ahí es donde se nota si la dirección imita a una marca conocida sin ser la real.
Si querés el detalle de las modalidades de fraude que circulan y de las señales que las delatan, está desarrollado en la guía sobre estafas con códigos QR.
Qué pasa con la imagen que subís
Nada sale de tu computadora. La decodificación ocurre en el navegador con el procesador de tu equipo, así que la imagen no se envía a ningún servidor, no queda almacenada y nadie del otro lado la ve. Lo mismo vale para la cámara: el video se procesa localmente y no se graba ni se transmite.
Esto importa más de lo que parece cuando el código contiene datos sensibles. Un QR de WiFi lleva la contraseña de tu red en texto. Uno de contacto lleva el teléfono y el correo de una persona. Subir esas imágenes a un servicio que las procesa en su servidor implica entregarle esos datos; acá no hay a quién entregárselos.